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CLUB
SPORT MARÍTIMO
“EL
EQUIPO DEL PUEBLO”
El
año de 1957 un grupo de portugueses liderizados por Antonio Firmino
Barros y Artur Brandao Campos, decidieron formar un equipo de fútbol
para “matar” el tiempo y la nostalgia de su madre patria.
Le llamaron “Deportivo Tiuna”, pero esa designación
no duraría mucho tiempo. En las largas tertulias que transcurrían
en la cauchera propiedad de los fundadores (denominada “Cauchos
Brauc”), ubicada en Santa Mónica, pronto se percataron
que la gran mayoría de los futbolistas del equipo eran fervorosos
fanáticos del Marítimo de Madeira. De modo que un día
primero de mayo de 1959 decidieron cambiarle el nombre al “Tiuna”,
y fue así que nació el CLUB SPORT MARÍTIMO de VENEZUELA,
una de las instituciones mas importantes da historia del balompié
criollo.
El
equipo compitió durante varias décadas en los diversos
torneos del fútbol amateur capitalino donde consiguió
importantes logros. Fueron animadores del añejo y popular “Torneo
Ibérico” (el torneo de fútbol amateur más
importante y antiguo de Suramérica). En ese lapso conquistaron
un título de Campeón Distrital de la Asociación
del Estado Miranda en 1977. Para 1981 el club viajó por primera
vez a la Isla de Madeira, en un periplo en el que enfrentó a
los tres grandes equipos del fútbol madeirense (Marítimo,
Nacional y Unión). La oportunidad fue aprovechada también
para convertir al equipo criollo en la sexta filial a nivel mundial
del club “rojiverde” portugués.
SALTO
AL PROFESIONALISMO
En
1985 y después de la quiebra del Deportivo Portugués,
un grupo de “maritimistas” liderizados por Mario Pereira
(ex-jugador del club), tomaron la decisión de dar un paso al
frente y “saltar” al fútbol profesional. El equipo
fue inscrito en la segunda división y recicló muchos de
los recursos humanos del desaparecido Deportivo Portugués (principalmente
al técnico Rafa Santana y a varios futbolistas), arrasando desde
el principio del campeonato y conquistando el ascenso, al tiempo que
instauró un record de imbatibilidad de 28 partidos sin conocer
la derrota. Esta marca sigue vigente para la categoría hasta
nuestros días.
El
equipo en la cancha daba espectáculo y no encontró rival
en el campeonato secundario. Periodistas y fanáticos de otros
clubes capitalinos de la primera división comenzaban a quedar
sorprendidos: “¿De dónde fue que salió este
equipo?”, se preguntaban. Empezó a crecer una ola de entusiasmo
alrededor del club y cada encuentro disputado en condición de
local se fue convirtiendo en una fiesta de afirmación de la nacionalidad
lusitana. Familias enteras de luso-venezolanos volvían a tener
un equipo que los llenaba de orgullo.
José
“Cherry” Gamboa, integrante de esa plantilla que consiguió
el ascenso, recuerda el primer partido como local de la nueva divisa
profesional: “ese día no había más de veinte
personas en la grada y un perro que ladró durante todo el partido”.
Pero poco a poco y a medida que el equipo ganaba y ganaba partidos,
más y más personas empezaron a ir al estadio y sus gradas
comenzaron a recibir asistencias que, en los tramos finales del campeonato,
rondaban los 12 mil espectadores. Esas cifras eran impensables para
equipos de la capital del país, los cuáles no llevaban
más de dos o tres mil personas por juego.
Además
de las avalanchas humanas en los juegos de local, los fanáticos
maritimistas comenzaron a seguir a su equipo por todo el país,
alquilando autobuses para acompañar al equipo en sus desplazamientos
al interior. Primero uno, quince días después dos, la
siguiente jornada tres. En la última fecha en calidad de visitante
cuando el ascenso podía confirmarse matemáticamente, nueve
autobuses se fueron en caravana hasta la ciudad de Barquisimeto, pintándola
literalmente de rojo y verde en una manifestación de apoyo y
fanatismo poco común en esos días, inclusive para equipos
de la primera división.
Una
vez instalado en la primera división el “fenómeno
Marítimo” continúo creciendo sin parar. Con Rafa
Santana en el banquillo y Mario Pereira en los despachos, el proyecto
se solidificaba con el paso de las jornadas. Ellos supieron escoger
con precisión quirúrgica un lote de refuerzos de calidad,
algunos de ellos “olvidados” en sus equipos de origen, que
dotaron al plantel del Marítimo de la potencia y el nivel para
poder mantener ese ritmo arrollador y vencedor, pero ahora con las exigencias
que implicaba disputar una primera división.
Fue
entonces como llegaron al Marítimo varios jugadores de nivel
como Daniel Nikolac, Franco Rizzi, Héctor Rivas, Pedro Acosta,
Noel “Chita” Sanvicente, Hérberth Márquez,
entre otros. Estos futbolistas permanecieron en el club durante varias
temporadas consecutivas, construyendo una columna vertebral y un núcleo
de mística y calidad, que reforzados puntualmente aquí
y allá en cada temporada, le dieron al club una base sólida.
Muchos coinciden en que esa fue la razón y causa principal de
las numerosas conquistas “rojiverdes”.
Los
juegos del equipo pasaron a ser también auténticos festivales
de música, alegría e color. Ir “al Marítimo”,
pasó a ser la costumbre de muchas familias lusitanas que convirtieron
al estadio en un punto de encuentro y confraternización con sus
amigos y vecinos. Dentro de la cancha el equipo le daba muchas tardes
de satisfacción a los seguidores.
LA
DÉCADA DE ORO
Marítimo
se convirtió en el dominador del balompié nacional, razón
por la que no solamente tenía seguidores portugueses. Muchos
venezolanos “de pura cepa” y seguidores del fútbol
de las más diversas nacionalidades, adoptaron al Marítimo
como su equipo favorito. Así por ejemplo en la popular parroquia
del 23 de Enero, muchos de los habitantes se volvieron maritimistas
porque en las filas del cuadro “rojiverde” actuaba Héctor
Rivas, uno de los pilares del cuadro lusitano y que era originario de
la parroquia. Este caso se repetía en otros sectores y a causa
de otros futbolistas del plantel.
La
admiración por el equipo capitalino se extendió por todo
el territorio nacional y en cada estadio en el que el cuadro “rojiverde”
se presentaba, los aficionados locales concurrían en masa para
poder ver en vivo a este equipo legendario. Franco Rizzi, capitán
del entonces llamado “Acorazado Rojiverde”, recuerda esas
épocas en las que el Marítimo era un fenómeno de
boletería: “Cuando Marítimo visitaba el interior
del país jugadores y dirigentes del equipo contrario se alegraban,
porque muchas veces con la recaudación del dinero de las entradas
a causa de los llenazos que generaba nuestra visita, podían poner
al día los pagos a los jugadores de los equipos que visitábamos,
así como otras deudas que los clubes tenían”, comenta
con orgullo este baluarte del Marítimo y la selección
nacional.
En
diez participaciones en la primera división el C.S. Marítimo
inició un ciclo vencedor que llevó a su antigua sede en
Los Chorros cuatro copas de Campeón Nacional (87-88-90 y 93),
y pudo defender en cinco ocasiones a nuestro tricolor patrio en la justa
de clubes más importante de Suramérica: La Copa Libertadores.
Sólo
una vez el C.S. Marítimo finalizó una temporada por debajo
del tercer lugar, ganando la serie particular con casi la totalidad
de los equipos que enfrentó mientras jugaba en la primera división.
Su portero titular durante casi todo ese período fue Daniel Nikolac,
quién cifró en 970 minutos sin recibir gol el record de
imbatibilidad -aun vigente para nuestro fútbol- entre otras hazañas
estadísticas brillantes. Participó incluso en el famoso
Torneo Autonomía de 1987 derrotando al “União”,
empatando con el Nacional, y apenas cayendo derrotado ante su “padre”
el Marítimo madeirense.
LAUREANO
GONZÁLEZ PASA LA FACTURA
Pero
en 1994 la acumulación de varios errores de gerencia llevó
al equipo a una crisis financiera terrible, que obligó al club
luso-venezolano a dejar salir algunas de sus figuras y constituir un
plantel para la temporada 94-95 con mucha gente joven. Para agravar
la situación, la fundación que regentaba el Estadio Olímpico
(sede del cuadro capitalino), subió los costos del alquiler a
un precio impagable, obligando al club a mudarse fuera de la capital,
ubicándose entonces en el Guido Blanco de la ciudad de Guatire.
A
pesar de todas estas complicaciones, el equipo maritimista apeló
a su conocida garra y mística ganadora, y sorprendiendo a todos,
pudo ganarse en el campo un puesto en la etapa final del campeonato:
“El Hexagonal Final”, modalidad impuesta por la liga por
primera y única vez en esa ocasión para disputar el campeonato
de aquella temporada.
Entonces
se desencadenaron una serie de hechos que llevaron al Marítimo
a su desaparición del balompié rentado nacional. La Liga
no aprobó el escenario del estadio “Guido Blanco”
de Guatire, donde el Marítimo realizó sus encuentros como
local de esa temporada, alegando que no tenía “las mínimas
condiciones para juegos de la etapa final”. Las autoridades de
la Liga, (presidida en la época por Laureano González,
dirigente que públicamente declaró su inconformidad con
la existencia en la primera división de clubes de origen extranjero)
fueron inflexibles, aunque antes y después de este caso permitieron
la disputa de partidos en estadios mucho más inseguros y en instalaciones
menos apropiadas para una primera división, que aquellas que
presentaba la del estadio guatireño.
El
Marítimo se vio de este modo privado de poder luchar en la fase
más importante del torneo, aquella que determinaría al
campeón y los clasificados para las pruebas internacionales,
y aquella que justamente le permitiría al club recaudar los mayores
ingresos de la zafra. Sintiéndose perseguidos y afectados en
sus derechos, los dirigentes maritimistas de ese momento (presididos
por José Luis Ferreira), decidieron llevar el caso a los tribunales
civiles. Las consecuencias de esa decisión llevaron al Marítimo
a sufrir un ejemplar castigo de parte de la FIFA, (el máximo
organismo del balompié mundial y que es muy tajante en la prohibición
de dirimir disputas relacionadas con la practica del fútbol fuera
da las instancias deportivas) que condenó al equipo a descender
a la segunda división y lo multó pesadamente.
La
junta directiva ante este escenario funesto, decidió disolver
el equipo profesional, entregando las fichas a sus jugadores y cerrando
sus puertas a mediados de 1995. Acababa así abruptamente la historia
de, tal vez, el mejor club de todos los tiempos de nuestro balompié
criollo. El vacío que dejó este equipo no ha sido llenado
aún por ningún otro, y son muchos –no sólo
portugueses-, los que mantienen las esperanzas de que algún día
las gloriosas camisetas “rojiverdes” vuelvan a verse en
los estadios venezolanos y la quinta estrella sea cosida sobre el escudo.
“OPERACIÓN
REGRESO”
A
finales del 2006 ese sentimiento de nostalgia empezó a intensificarse
en los corazones maritimistas e impulsado por la visita a nuestro país
del presidente del Clube Sport Marítimo de Madeira, Carlos Pereira,
un grupo de antiguos dirigentes del equipo capitalino (los ex-presidentes
Mario Pereira y José Luís Ferreira) y la actual directiva
del Centro Luso de Caracas en Turumo (presidida por Manuel Pereira),
iniciaron un ciclo de conversaciones que acabaron consiguiendo la fusión
de ambas instituciones.
De
este modo el Centro Luso, en concurrida Asamblea de accionistas, decidió
cambiar su denominación social a la de “Centro Marítimo
de Venezuela”, y constituirse así en la nueva casa del
club “tetracampeón” nacional. Las vitrinas del salón
de trofeos del club de Turumo, ya reciben las copas y trofeos conquistados
por el equipo de fútbol capitalino, y se ha iniciado un proceso
exitoso de venta de nuevas acciones del centro social en el seno de
la fanaticada “roji-verde”, que se extenderá y masificará
en los próximos meses.
Se
planifica ya la construcción de una cancha de fútbol y
dar inicio a un proyecto que, a mediano plazo, recoloque al Marítimo
en la primera división de nuestro fútbol. El terreno ya
ha recibido la visita e inspección de un equipo de ingenieros
y se espera pronto movimiento de tierras y el inicio formal de las obras.
Los responsables del equipo desean iniciar las actividades enfocando
su trabajo en las categorías menores, comenzando en principio
tan solo en el área de formación de talentos. Pero con
la vista puesta a mediano plazo en la reactivación el fútbol
profesional y regresar al equipo a la primera división. Son muchos
los que esperan ansiosos por que este sueño se haga realidad.
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